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Opalo, Guerrera de las Flores

Vie Mayo 18, 2012 2:32 pm por Opalo



<<Opalo parece otra cuando baila. Se ve mayor, madura, misteriosa. La destreza y agilidad de su cuerpo le hace casi brillar. La mente de Opalo entra en trance, no existe el mundo, solo su cuerpo haciendo, viviendo música. Cuando la última nota suena, ella sale del letargo y en un parpadeo vuelve a ser ella, joven, inocente, un libro abierto, sin nada que ocultar>>


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Kelvar Súrion

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Kelvar Súrion

Mensaje  Kelvar el Sáb Oct 19, 2013 12:17 am

Nombre: Kelvar Súrion. En el idioma antiguo de las Tribus Salvajes del Norte, “Kelvar” significa “animales”, y “Súrion” significa “Hijo del Viento”.

Edad: 9 años.

Ser: Mitad Ser Oscuro, mitad Salvaje del Norte.

Tipo: Ciudadano mágico.

Apariencia: Kelvar tiene el cabello negro como la noche, y su mirada es azulada, como así también profunda y enigmática como la de los gatos. A diferencia de su padre Sairon, su aspecto no es salvaje y brutal, sino más bien ligero y silvestre. Demuestra confianza y seguridad en sus movimientos y gestos, pero no de una manera presuntuosa; lo hace con sutileza y sagacidad, como un verdadero felino. A pesar de esto, en sus ojos puede notarse algo más que misticismo gatuno. Su mirada carga una profunda soledad y también el mismo salvajismo que se encuentra en los ojos de Sairon.

Poderes y Habilidades: Los poderes de Kelvar se derivan tanto de su padre como de su madre. De Sairon heredó la habilidad de transformarse físicamente en su tótem interior, en su caso, un gato negro. El tamaño que adquiere puede variar según sus intenciones, desde tener las dimensiones normales de un gato, hasta alcanzar el tamaño de un lobo. Las pupilas se afinan, pero el iris continúa siendo de un color azul intenso. Tal como su nombre lo indica, la habilidad que heredó de su lado materno es la de entrar en la mente de los animales y percibir el mundo a través de sus sentidos, sin importar qué animal o de qué lugar sea. Cuando hace esto, sus ojos se vuelven blancos grisáceos, como las nubes que auguran tormenta.

Datos Psicológicos: Kelvar es, ante todo, un chico que fue abandonado. A lo largo de su corta vida, siempre ha tenido razones para albergar la ira y el rencor en su interior, quizás algo heredado de su padre. Pero si bien no puede huir siempre a estos sentimientos que lo consumen, su propia manera de ser lo lleva por otros caminos. No hay que confundir, Kelvar le guarda rencor a su padre. Pero también lo estima y lo admira en demasía, y en su interior sería feliz de ser como él y poder vivir junto a él. También está resentido con su familia materna, por haberlo hecho a un lado, convirtiéndolo en un “hijo del viento”, un huérfano. Pero tiene la esperanza de aprender lo mejor que la Tribu puede enseñarle y ser bienvenido como uno de los suyos algún día, pues su madre lo era y esa es una de las pocas cosas que le quedan de ella: honrar su memoria.

Existen muchas palabras con las que describir a Kelvar, aunque la que mejor lo hace es “independencia”. No siente que pertenece a ninguna parte, y todo el mundo está allí para servirle como hogar. No se siente cómodo dependiendo de nadie, y suele huir a sitios alejados cuando cree que su independencia se ve limitada o condicionada por otros. Es un libre pensador y un superviviente. Tal como el gato tiene nueve vidas, Kelvar conoce métodos de supervivencia sumamente eficientes, y es capaz de escapar a destinos mortales con bastante habilidad. Sabe bien cuidar de sí mismo.

Kelvar es estoico, nunca se queja aunque sienta dolor, y lo aguanta como casi ningún otro ser vivo. Es astuto e inteligente, cauto y atento, e increíblemente intuitivo. Los miembros de la Tribu aseguran que tiene una conexión con lo sobrenatural, capta señales de otros niveles que las personas son incapaces de advertir. Ve cosas, percibe cosas, siente cosas que los demás no pueden ver. Silencioso y misterioso, mira con astucia al mundo que no ve o no entiende la profundidad de sus conocimientos. Su tótem se asocia con la transformación al igual que el velo de la noche cambia nuestra percepción de la realidad.

Su carácter impredecible es una de sus propiedades más valiosas, Kelvar es muy hábil en la flexibilidad y adaptación a casi todo. Suele ser también bastante curioso, una característica que le juega a favor y en contra dependiendo las circunstancias. En ocasiones, muestra un comportamiento muy extraño y propenso a las travesuras, a divertirse a costa de otros, apareciendo de improviso cuando menos se lo espera, y desapareciendo con la misma agilidad y rapidez, casi como si se desvaneciera en el aire.

Puede ser muy distante en ciertos momentos, cuando una situación lo oprime y lo confunde, sin saber cómo actuar. Para Kelvar, a veces el mejor remedio para un problema es alejarse de él. Tampoco es conveniente incitarlo a pelear, o atacarlo y lastimarlo de alguna forma, porque suele defenderse con todo su poder sin medir las consecuencias. En estos casos, le sale de adentro el instinto asesino de su padre, un Ser Oscuro, y se vuelve sumamente peligroso, en especial cuando está en su forma felina.

Historia:

El año en que Sairon partió al Gran Norte en busca de un territorio propio donde vivir, fue cuando conoció a las Tribus Salvajes. Más allá de las fronteras del Reino, escondidas en los bosques y las montañas vírgenes, viven allí los Verkas, como se llaman a sí mismos en su propia lengua, aunque los cazadores furtivos que ocasionalmente viajan a esas tierras los nombran sólo como “salvajes”. Al comienzo, Sairon mantuvo una relación hostil con las tribus del que ahora consideraba su bosque, pero a los meses esta animosidad mutua se fue suavizando, permitiéndoles convivir y aprender unos de los otros. En la tribu Rakka, que significa “garra”, conoció a una joven y bella mujer, con la que logró una conexión mucho más estrecha que con cualquier otra de las Verkas, sumiéndose ambos en la pasión y el deseo carnal. De esta unión nació Kelvar.

La familia de la joven no aprobó de ninguna manera que el forastero haya deshonrado a su hija, pero no mucho tiempo después, la chica murió alcanzada por la flecha de unos cazadores. Sairon los persiguió y los masacró como si fueran menos que animales, y más tarde regresó a la soledad de los bosques, dejando a su hijo en manos de la familia de la madre de éste. Pero la familia lo rechazó, y, aunque le permitieron vivir con la tribu, no lo dejaron pertenecer a su clan. El niño pasó entonces a llamarse Kelvar Súrion, Hijo del Viento. Creció con la tribu Rakka, y por sus propios medios, observando y practicando, aprendió a cazar, pescar, rastrear, y sobrevivir él solo durante días y meses en los bosques y montañas.

Sairon y Kelvar no tienen una relación muy cercana. Cada varios meses, el padre aparecía por la noche para llevarse al hijo y entrenarlo. Nunca se mostró cálido o amoroso, su actitud y maneras siempre fueron bruscas y directas. Lo arrastró a la lucha, a que aprenda a valerse por sí mismo y no depender de nada más, volverlo fuerte para que se gane la libertad que tiene. Esa libertad que Sairon obtuvo cuando escapó de las ataduras que Demian había puesto sobre él y sobre todos sus hermanos. Esa libertad por la que debe luchar toda su vida. A pesar del rencor que Kelvar siente por él, por abandonarlo cada vez, dejándolo solo para que viva y aprenda a su manera, también lo ve con una ciega admiración. Para él, su padre es el Señor de los Bosques, el depredador más peligroso y su protector más valiente. Sueña poder algún día tener esa fuerza de voluntad y esa determinación que Sairon ostenta, y quizás, sólo quizás... hacerlo sentir orgulloso del hijo perdido que tiene.

Datos Extras:

Posee un colgante que perteneció a su madre, el único objeto que tiene de ella y que le ayuda a nunca olvidarla.
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